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28/9/10

El péndulo de Foucault (fragmento)

" Habría bastado con que me detuviese allí. Con que escribiese un libro blanco, un grimoire bueno, para todos los adeptos de Isis Desvelada, donde explicara que no debían seguir buscando el secretum secretorum, que la lectura de la vida no ocultaba ningún sentido escondido, y que todo estaba allí, en las barrigas de todas las Lias del mundo, en las habitaciones de las clínicas, en los jergones, en las orillas pedregosas de los ríos, y que las piedras que vienen del cielo y el Santo Grial no son más que unos monitos que gritan mientras les cuelga el cordón umbilical y el doctor les da unas palmadas en el trasero. "

–La Tour Eiffel –nos dijo a la mañana siguiente–. ¿Cómo puede ser que no hayamos
pensado en ella? El megalito de metal, el menhir de los últimos celtas, la aguja hueca
más alta que todas las agujas góticas. Pero, ¿acaso París necesitaba este monumento
inútil? Es la sonda celeste, la antena que recoge datos de todos los clavijeros herméticos
clavados en la costra del globo, de las estatuas de la Isla de Pascua, de Machu Picchu,
de la Libertad de Bedloe’s Island, ya soñada por Lafayette, del obelisco de Luxor, de la
torre más alta de Tomar, del Coloso de Rodas, que sigue transmitiendo desde las
profundidades del puerto donde ya nadie es capaz de encontrarlo, de los templos de la
jungla brahmánica, de las torrecillas de la Gran Muralla, de la cima de Ayers Rock, de las
agujas de Estrasburgo, con las que se extasiaba el iniciado Goethe, de los rostros de
Mount Rushmore, cuántas cosas había comprendido el iniciado Hitchkock, de la antena
del Empire State, ya me dirán ustedes a qué imperio se refiere esta creación de iniciados
americanos, si no es al imperio de Rodolfo de Praga. La Tour capta datos del subsuelo y
los confronta con los que recibe del espacio.

26/8/10

El nombre de la rosa (fragmento)

" Guillermo se sentía profundamente humillado. Traté de consolarlo, diciéndole que hacía tres días que estaba buscando un texto en griego y era natural que hubiese descartado todos los libros que no estaban en griego. El respondió que sin duda es humano cometer errores, pero que hay seres humanos que los cometen más que otros, y a estos se los llama tontos, y que él se contaba entre estos últimos, y se preguntaba si había valido la pena que estudiase en París y Oxford para después no ser capaz de pensar que los manuscritos también se encuadernan en grupos, cosa que hasta los novicios saben, salvo los estúpidos como yo, y una pareja de estúpidos tan buena como la nuestra hubiera podido triunfar en las ferias, y eso era lo que teníamos que hacer en vez de tratar de resolver misterios, sobre todo cuando nos enfrentábamos con gente más astuta que nosotros.
(...)
El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda. El diablo es sombrío porque sabe adonde va, y siempre va hacia el sitio del que procede. Eres el diablo, y como el diablo vives en las tinieblas. Si querías convencerme lo has logrado. Te odio, Jorge, y si pudiese te sacaría a la explanada y te pasearía desnudo. "